martes, 8 de junio de 2010

La libertad de la venganza

-Corre!!!
Le hice caso, me puse a correr. No fui consciente de cuantos minutos me separaban de él, ni cuantos pensamientos pasaron por mi cabeza en ese trayecto. Cuando el cansancio impidió a mis piernas dar un paso más decidí sentarme. Fuera un error, no debería haber huido, tenía que volver y llevarlo de allí conmigo. Tenía que llamar a Geert. Cogí mi colgante y lo hice sonar, ahora tocaba esperar. Deseé que no le pasase nada a Fremont, por muy mal que nos llevásemos él era mi hermano. Unos minutos después un grandioso dragón rojo volaba sobre mi cabeza, la fortaleza y valentía de aquel animal hacían honor a su nombre. Bajó para que pudiera subirme.
-Tenemos que ir a por Fremont, estaba en malas condiciones cuando le dejé
Geert alzó el vuelo, hacía meses que no montaba en su lomo. Lo llamaba solo en casos de emergencia, un dragón llamaba mucho la atención y su piel en el mercado se vendía a alto precio.
-Estamos llegando, ten cuidado, no quiero ser descubierta antes de tiempo.
Mi hermano seguía luchando contra aquellos desgraciados. Esos bandidos habían matado a nuestros padres, les interrumpían en la búsqueda de mi dragón, puro negocio, querían matarlo y enriquecerse a su costa. Fremont nos sacó a Geert y a mi de casa a tiempo. Desde aquella, mi amado dragón se refugiaba en las montañas del sur y nosotros habíamos jurado matar a quienes por dinero habían destruido una familia. No lograba entender el egoísmo de la gente, ni de lo fácil que resultaba matar si de dinero se trataba. Los habíamos seguido durante largo tiempo y encontramos su escondite en un bosque del interior. Cegados por el odio nos inmiscuimos en una lucha que, lejos de cogerlos por sorpresa, casi nos había costado la vida.
Le indiqué a Geert que se escondiese y esperase. Le supliqué que solo entrase en escena si nos veía en peligro. El combate cuerpo a cuerpo no era lo mio así que me acerqué al lugar donde estaba en curso la batalla me oculté entre la maleza y desenvainé mi arco. Fremont había matado a uno de ellos pero aún estaba en clara desventaja, tres hombres lo acorralaban y él se defendía con gran decisión a pesar del notable cansancio. Cogí una de mis flechas, armé mi arco y me concentré. La flecha se hundió en la pierna de un bandido y creó la confusión. Mi hermano aprovechó el momento para asestar un mandoble a uno de aquellos miserables acabando con su asquerosa vida. Cogí otra flecha, esta vez fue directa a la sien de uno de ellos. El último, en un intento fallido de encontrar el origen de aquellas flechas, descuidó la retaguardia firmando así su muerte. Salí de mi escondite para abrazar a mi hermano.
-Ivonne, nunca me haces caso...pero gracias
-¿No te da vergüenza que te salve tu hermana menor?
Geert salió de entre los árboles y vino hacia nosotros. La emoción de Fremont al verle se reflejaba en sus ojos.
-Mi pequeño dragón, como te he echado de menos
-¿Y bien, ahora a donde vamos?
-Nos refugiaremos en las montañas donde Geert ha estado todo este tiempo, he oído que cerca hay un pequeño pueblo que protege a criaturas como nuestro dragón, así no nos sentiremos tan solos.
-¿Y que haremos allí?
-Empezar una nueva vida, lejos de venganzas y el afán de riqueza.
-Eso suena bien. Vamos Geert, quiero empezar a vivir antes del amanecer.
Llegamos con las primeras luces del alba, el pueblo era maravilloso con un tono familiar que invitaba a recorrer sus calles. Nada más pisé tierra ya no quise irme de allí. La gente era amable y además olía a chocolate...como el que hacía mamá.

1 comentario:

  1. ooh!! lucia estoy alucinando!!! eres una crack!! joder como molas tus relatos...un besiño!!
    sigue publicando ..me voy a hacer seguidor ;)

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