Hace tiempo que la vida que ofrecía aquí se acabó. Con ella se fue aquella chica con ilusiones, ganas, con objetivos que cumplir, que intentaba estar de buen humor, que quería y ponía empeño en hacer todo lo que se proponía... y lo hacía.
Tanto fue así que se olvidó de apuntar alto, de poner objetivos que parecían inalcanzables para poder llegar muy lejos y no quedarse sin metas.
Hoy, aquí estoy, con todo lo que quería realizado pero malhumorada casi a cada rato, sin ganas, sin aspiraciones. ¿Es posible que me haya solucionado la vida demasiado rápido? Es cierto que puedo quedarme sin trabajo en cualquier momento y obviamente tendría que buscarme la vida de nuevo, pero esos problemas los tenemos todos.
Miedo, es la palabra mágica de mi vida ahora mismo. Todo lo rige el miedo, a todo. Siento como que he retrocedido, parece que soy una niña asustada ante el mundo, que no sabe cual es el paso siguiente ni sabe tomarlo. Juro que intento cada día hacer algo que me llene, que me haga feliz, ponerle ganas y arrancar de nuevo. Y por un momento lo consigo, pero es casi como una ilusión. Cada vez que me golpea de nuevo mi realidad, se me hace mas dura la remontada.
Y vengo aquí a decir todo esto por una sencilla razón. La gente siempre da el mismo consejo, con toda su buena intención, y lo agradeces, pero que no es solo que no te sirva, es que te frustra que parezca tan fácil, que parezca que la culpa es tuya y nada más, que no le pones solución porque no quieres, cuando en realidad no puedes. Y lo sabes porque lo has intentado ya muchas veces.
Por eso te digo, si es que alguien lee esto, que si todavía puedes, te pongas metas inalcanzables, imposibles, lo mas altas que puedas imaginarte. Y nunca desesperes, porque si sabes a donde vas nadie podrá pararte nunca.