miércoles, 5 de mayo de 2010

Reflexiones de un astro exiliado

Si, ahí estaba yo, contemplando el cielo nocturno, pensando en lo pequeña que me sentía. Veo las estrellas como puntos luminosos, aparentemente diminutos, pero desde allí ni siquiera pueden vernos. Aquí, en una prisión de pensamientos y vivencias protegidos por una coraza tan fácil de corromper, tan fácil de destruir que me hace sentir impotente y me atormenta. Rodeada de seres tan dependientes que aún cuando necesitan una vida propia la comparten. Hueso y carne que tienen miedo a que la muerte se los lleve en soledad, a no permanecer en el corazón de nadie, miedo a que esa guadaña siegue una vida vacía. Me limito a observar, no juego ningún papel, ellos tampoco, pero los aires de grandeza les impide ver más allá. Se aferran a la vida como el último rayo de luz del ocaso a su cielo, pero el sol volverá y ellos se convertirán en ceniza y aún siendo conscientes de ello, destruyen cuanto se interpone en su camino, no se paran a contemplar la belleza de las cosas que los rodean, no aprovechan el corto camino que les lleva a su fin. Seres egoístas e ingenuos que creyendo que viven mueren un poco cada día. Y yo, contemplando el cielo lleno de estrellas echaba de menos mi casa, desterrada por desear lo prohibido me había encontrado con este mundo donde habitaba una raza decepcionante. Castigada a vivir como ellos, a ser como ellos... solo compartía una cosa con los humanos y por eso ahora estaba en el exilio. Porque un día me pregunté que habría más allá, porque un día me llené de ilusiones y esperanzas sobre un mundo que está muriendo, porque un día llegué y la realidad me golpeó y ya era demasiado tarde para enmendar mi error...y ahora solo deseo volver y vivir como lo hacen las estrellas

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